lunes, 7 de agosto de 2017

A través de la cerradura...

    La puerta era vieja, madera oscura y añosa, pesada. Las bisagras mohosas de tanto esperar que alguien atravesara ese umbral. Miré por un momento las paredes gruesas, cuya monotonía grisácea era interrumpida por los ocasionales manchones de verdín.
     A un costado una ventana alta, de marco de hierro, vidrios sucios, resquebrajados es una esquina. Lo que no podía entender era la presencia de esos candelabros y altos floreros plateados. Pude adivinar en la pared opuesta, como sombras más oscuras entre las sombras, figuras alargadas dispuestas horizontalmente. Sin saber por qué supe al instante dos cosas: primero era que no podía percibir físicamente ni temperatura ni olores; y segundo, que supe que el aire estaba viciado, y hacía mucho frío en ese sitio.
      Me movía liviano en esa pesada oscuridad. 
     De pronto una pequeña luz que se filtraba a través de la cerradura de la vieja puerta de madera me atrajo irresistiblemente. Me acerque. Me acerqué. Y más aún. La luz me envolvió por completo y dió la sensación que atravesaba la puerta. 
     Y así, sin más, guiado por la curiosidad, estuve más allá de esas gruesas paredes. Me volví para poder contemplar el sitio de donde había salido. Y fue ahí, cuando la tímida luz del amanecer me mostró en detalle una bóveda y mi nombre escrito en una placa; más allá se extendía una planicie  desértica que rodeaba aquel derruido cementerio, en un distante futuro.

miércoles, 26 de julio de 2017

El enfermo

   El hospital está en silencio. Es la madrugada. En algunos pasillos el personal de la noche haciendo su recorrida habitual. Las horas pasan lentas, perezosas, el micro clima del interior hace muy difícil de adivinar realmente el estado del tiempo afuera. Los acompañantes nocturnos se encuentran ocasionalmente en la cocina cuando van a calentar por enésima vez el agua para el mate. Charlas en voz baja. Todos están en la misma situación. Por un momento se tiene la sensación de que todos son víctimas de una conspiración misteriosa que los obliga a vivir de noche, entre pasillos y habitaciones donde lo único que corta la monotonía es, el aún más monótono, goteo del suero. O algún quejido ocasional.
    A veces una corrida y acompañada por murmullos. Nerviosismo. Luego alivio, o quizás llantos. Todo da igual. El suave transitar de las enfermeras, las rutinas. Nada cambia. Por momentos mirar el techo y tratar de no pensar. Por momentos creer adivinar la burlona sonrisa que espera detrás de la puerta. Una noche más oscura que todas las noches aguardando fría, risueña...
   Es el final. Ya no esperes clemencia. Tus días se han ido. El tiempo no vuelve atrás. Si ganaste, si reíste, si fuiste afortunado, mejor. Si no, lo lamento. 
    Respiración que se acelera y las garras afiladas que rasgan la pared. La carcajada muda de aquella que espera al final del camino. Está lista para darte el último y definitivo beso. Los parientes se miran entre sí. Algunos aventuran un buen augurio que saben que no es real. 
    Ya el manto oscuro cubre todo. Te conviene mirar de frente y con coraje, de todos modos ya no hay chance. 
    Esta madrugada dejarás esta cama, mira por última vez a tu alrededor, y transita conmigo el camino de las sombras. Te esperan más allá. Te esperan. 
   Todo pierde significado. La luz se expande. Los sonidos se alejan.
Cruzaste...


   

   

viernes, 21 de julio de 2017

MENTES

Su grado de agudeza mental era digno de admiración.
Brillantes y elocuentes, altivos en su presencia...
Sin embargo no podían dejar de temer a sus fantasmas imaginarios.

RETORNAR

El tiempo no pasa en vano...
El tiempo no pasa en vano???